Ojeras demacradas, párpados cargados y la triste, triste indiferencia vuelven a posarse en mi.
En fin, no es nada nuevo, puedo mover mi culo en esta mierda de zona de confort.
Sudo excusas, y se me resbala cualquier atisbo de culpabilidad.
Podría pensar en cómo se siente al hacer daño alguien, si acaso esto me aportara algo.
No es así.
Me lavo las manos y salgo a la calle, el bar más cercano está al girar de la esquina, me siento como si miles de diminutas hormigas recorieran mi espalda y no pudiera hacer nada para arrancarlas de allí.
Está bien. Todo pasa.
Entro al bar mientras una chispa de lucided me recomienda no hacerlo. La ahogo conmigo.
El trasfondo de los días no varía en exceso, las dudas se agolpan y yo las invito a salir a todas. Están las que se van, y las que aceptan la petición y bailan conmigo, volteamos y volteamos hasta vomitarnos en los zapatos y volvemos a danzar. Dentro de un compás macabro que parece eterno.
Y, cuando termino en el suelo, mareado y exhausto, reflexiono entre la fina linea de vivir para ti a través de los demás , o vivir con el resto.
No quiero pensar más, no quiero bailar, ni ahogarme con el vómito, ni atragantarme con las dudas o la culpa.
Debo pararlo o ignorarlo.
Y mientras caigo, cada vez mas hondo, en mis visicitudes, empiezo otra cerveza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario