Es absurdo que mi mayor miedo sea no saber que decir y a la vez tener problemas por no saber callarme.
Es absurdo quererlos a todos e intentar no tener cerca a nadie.
Extrañar lo que me ahoga y maquillar el amor con falsa indiferencia.
¿Cuál es la salida o la entrada al camino correcto?
No sé en que momento se torcieron las cosas.
Cuando dejé de mirar la luna o de intentar escuchar la respiración de los árboles cuando atardece.
Ahora toda mi vida se transforma en una constante fatiga aliviada por finos destellos de embriaguez.
No veo el fin. Y eso me asusta.
Tan solo soy capaz de atisbar a lo lejos el olor del aprecio que aún alguien mantiene por mi. Diria que no me importa, si fuese cierto.
Por más que el desasosiego me mantiene en vilo mirando una y otra vez las manecillas del reloj el tiempo no pasa.
Ese mismo tiempo que antaño fuese tan efímero hoy recorre lentamente, con tristeza y melancolia un camino finito.
¿Cuánto más? Ese mal que no dura cien años... ¿Cuánto más puede durar?
Quizás este sea mi purgatorio. Condenada a revivir mis pecados sin poder ser indiferente ni al más minimo detalle.
Cuánto más.... Cuánto más...